Da vergu¨enza decirlo, pero la nuestra es una de las capitales más sucias del continente por culpa de los permanentes basurales que son visibles por doquier.
Aquí se combinan dos problemas: el de los ciudadanos, poco educados para no lanzar desperdicios en las vías públicas, y el de alcaldías incompetentes para organizar una adecuada disposición de estos desperdicios.
A consecuencia de esta combinación, los residentes en el gran Santo Domingo están expuestos a muchos riesgos en su salud y, lo peor, a seguir siendo vulnerables a tales peligros.
Hasta ahora, toda la culpa se descarga en la insuficiencia de vertederos apropiados y en el desordenado manejo que hacemos de la basura en el único que recibe los mayores volúmenes, Duquesa.
Lo cierto es que esta ha sido una recurrente excusa de todos los ayuntamientos para evadir la responsabilidad, no cumplida, de mantener la ciudad limpia.
Y esta ineficiencia es suficiente para reclamar, ya, una solución definitiva a este problema, que no es en particular de nadie, sino de todos nosotros.
La ciudad es nuestra casa. Y si todo el tiempo está sucia y antihigiénica, es por culpa de una ciudadanía que aún no se ha disciplinado en una cultura de la limpieza, que no ha sabido exigir también el mayor tanto porciento de los recursos de los cabildos para enfrentar ese estado de cosas ni tampoco ha obligado a sus autoridades municipales a ser mas responsables en este sentido.
Por el contrario, hemos tolerado, en silencio, que los presupuestos municipales se hayan malgastado, siempre, en nóminas abultadas y en servicios malos y precarios. Ya basta de hacernos de la vista gorda frente a este problema, que cada día nos abruma y nos enferma.
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